PIU, SIN MAS.

Esta entrada al blog del limonero quiero dedicarla a un ser muy especial… Un ser que lleva a mi lado diecisiete años… un ser lleno de pelos, con mal genio con todo el mundo y tremendamente cariñoso conmigo…. Los que me conocéis, ya imagináis que estoy hablando de mi gata Piú.

La primera vez que la vi estaba en una especie de pecera de cristal con otro gatito azul, en una pajarería de la Plaza de Emilio Luque. Todas las tardes, procuraba pasar por allí y pegaba la nariz al cristal para verla mejor. Y ella hacía exactamente lo mismo… como diciéndome con sus ojillos “sácame de aquí y huyamos a escribir la historia”…. Pero no me decidía… alguien en casa no quería animales y yo no quería problemas..

Sin embargo, un día, ya no pude más. Ni siquiera tuve que pararme en el escaparate… directamente entré y le dije al dependiente que me la llevaba, a ella y a todo su ajuar completo. No tenía más que dos meses y era como un peluche con pilas.

Al llegar a casa hubo de todo, pero me importó un pimiento. Mi pequeña, mi Piú, estaba conmigo mirando con cara de tigre siberiano a todo el que se le acercara. De allí no se movía. Por la noche, aquella primera noche, me la pasé en vela vigilando si estaba bien. A las cinco de la mañana tuve que ir a sacarla de debajo de los muebles de la cocina, donde se había metido despistada y volver a ponerla en su cestita. Que ilusa.. Como si alguien le pudiera decir a un gato donde tiene que dormir un gato. Al final, aprendí la lección y unos pocos días después ya le dejaba abierta la puerta de la cocina para que ella fuera a dormir donde quisiera.

Y mi pequeña se fue haciendo grande, se convirtió en toda una señora gata con un precioso pelo color canela clara, y unos enormes ojos del mismo color. Eso si, sin nariz, porque los gatos persas no tienen nariz. Es completamente chata. Y poco a poco, se convirtió en la Reina de la casa, incluso caminando con porte majestuoso y mirando por encima del hombro a todo aquel que no fuera yo.  Y, a veces, hasta a mi.

Siempre ha tenido una especial intuición cuando conoce a la gente. A todas aquella personas a las que ha gruñido, han terminado siempre siendo compañías poco adecuadas. Nunca se ha equivocado. Si le hubiera hecho caso, otro gallo me hubiera cantado….

Pero también tiene sus amores. Recuerdo cuando se enamoró perdidamente de mi amigo Lorenzo. Era llegar Lorenzo a casa y se subía en el brazo del sillón con cara seductora sin parar de mirarlo. Y el pobre Lorenzo, que tenía alergia a los gatos, se pasaba la tarde estornudando.

Nunca he visto un animal con más carácter y personalidad que Piú. Siempre termina haciendo lo que le sale de sus reales. No se puede discutir con ella. Desde pequeña, en el Patio, se acostumbró a beber de una maceta, concretamente en una gardenia, subida en un macetero de hierro. Se pone debajo y bebe de las gotitas que salen del agujero de la maceta. Por supuesto, esa planta ni se abona, ni se trata ni nada. Esa es suya. Y se sienta debajo y mira alrededor hasta que encuentra a uno de sus súbditos que la riegue para poder beber. Si algún día la muevo de su sitio, ella sigue sentándose allí y esperando a que, primero, le lleven su maceta a su sitio y luego se la rieguen. Ni se le ocurre ir a donde este su maceta.

Por las mañanas, tiene sus horarios. Según va avanzando la mañana, se va cambiando de balcón para tomar el sol, algo que nunca he entendido, porque con el abrigo que lleva puesto, debe de estar asfixiada, pero no, le encanta el sol. En primavera, cuando dejo los balcones de la planta de arriba abiertos, se tumba a dormir en el filito y deja el rabo colgando por la pared. A determinada hora, se sube a la azotea a ver pasar a los gorriones, y yo pido que no se despisten porque le sale el instinto cazador y más de una vez he tenido que correr para liberar al pajarillo.

Cuando presentaba el patio al Concurso Municipal, se sentaba en una silla de enea a saludar a todos los visitantes. Bueno, más bien a vigilarlos. Tiene su propio Club de Fans, gente de todas partes del mapa que todos los años cuando vienen a Córdoba se acercan por aquí a preguntar por ella…. Algunos con timidez, con miedo de que les diga que ya no está…. Pero cuando la ven dormida en el balcón, se les cambia la cara. Incluso un año, salió en el Diario Córdoba.

Ya tiene casi diecisiete años. Es una ancianita, aunque conserva su genio y su carácter. Ya casi nunca baja al patio, duerme veintidós horas al día y además le cuesta subir y bajar las escaleras, cosas de la artrosis y la hernia de disco que padece.

Pero en cuento me siento en el sofá, la tengo encima. En cuanto me levanto, viene detrás como un perrito. Y por la noche, no se separa de mí. Nota si estoy triste, contenta, enferma… y enseguida sabe cómo tiene que actuar.

Hace un par de días, por primera vez en su vida, ha tenido que pasar por el quirófano para curarle uno de sus ojitos. Pese a su edad, todo ha ido bien y su analítica es de un gato de cinco años…. Perfecta. Lo que no lleva nada bien es el collar isabelino que le han puesto para que no se toque el ojo, pero ya mismo se lo quitan y en unos pocos días estará otra vez, en sus aposentos, dando y recibiendo mimos…

 

One thought on “PIU, SIN MAS.

  1. Manuel
    11 marzo, 2017
    Responder

    Gracias por compartir esta bella historia de amor incondicional.

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